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Merendero La Huasteca

El Merendero La Huasteca —nacido a partir de la histórica estructura de piedra conocida como «La Garita» en Santa Catarina, Nuevo León— pasó de ser un punto de control militar en el siglo XIX y un set cinematográfico con Pedro Infante, a convertirse en el epicentro del turismo, la gastronomía y la cultura popular regiomontana durante el siglo XX.

A continuación, se detalla la evolución de esta emblemática construcción, las diversas actividades que se desarrollaron en ella a lo largo de las décadas y las entrañables anécdotas que el «Ídolo de Guamúchil» dejó grabadas en la memoria de Nuevo León.


Escenario Cinematográfico e Identidad Cultural

  • Set de filmación de la Época de Oro: En 1947, la imponente fachada de piedra y sus alrededores sirvieron como escenario principal para la película Cuando lloran los valientes. La estructura representaba el cuartel de los guardias federales que perseguían al héroe local, Agapito Treviño «Caballo Blanco».
  • Aparición en pantalla (Minuto 00:00): En la versión completa de la cinta, el histórico edificio aparece por primera vez exactamente en el minuto 10:18. La escena muestra un plano abierto del Cañón de la Huasteca mientras un grupo de guardias federales a caballo llega cabalgando a toda velocidad y se detiene frente a la fachada de piedra. El interior también fue acondicionado para simular el punto de revisión militar.
  • Imán de leyendas: Tras el éxito de la cinta, el lugar quedó grabado en el imaginario colectivo. El propio Pedro Infante visitó la zona en varias ocasiones, lo que despertó el interés de miles de regiomontanos por conocer el sitio exacto donde se filmaron las balaceras y cabalgatas de la película.

Auge Gastronómico Tradicional

  • Punto de reunión familiar: Aprovechando la fama del lugar y su belleza natural, la antigua construcción se transformó formalmente en «El Merendero La Huasteca». Se convirtió en el restaurante por excelencia para los paseos de fin de semana de las familias de Monterrey y su zona metropolitana.
  • Banquetes de cocina norestense: En sus mesas al aire libre y salones rústicos se servían platillos típicos de la región, destacando el cabrito en sus diferentes preparaciones, machacado con huevo, carne asada, frijoles charros y las tradicionales glorias de Linares como postre.

Centro de Entretenimiento y Vida Social

  • Música en vivo y huapangos: El merendero se convirtió en el escenario ideal para amenizar las tardes con conjuntos norteños, bandas de viento y grupos de música folclórica. Las familias no solo iban a comer, sino a disfrutar de tardes completas de baile y convivencia al compás de la música tradicional de Nuevo León.
  • Celebraciones y banquetes: Por su valor histórico y su espectacular vista hacia las paredes rocosas del cañón, el inmueble funcionó durante décadas como un sitio predilecto para bodas, bautizos, comidas políticas y reuniones de la sociedad regiomontana que buscaba un toque campestre y tradicional.

Base de Turismo y Aventura Natural

  • Puerta de entrada al Cañón de la Huasteca: Al estar ubicado estratégicamente en el acceso al parque, el merendero servía como punto de partida y descanso para los primeros excursionistas, escaladores y exploradores que se internaban en las imponentes formaciones rocosas.
  • Paseos a caballo y recreación: En los alrededores del merendero, los visitantes podían rentar caballos para recorrer los márgenes del río Santa Catarina o simplemente caminar por los senderos cercanos, consolidando al edificio de piedra como el corazón de un oasis turístico que unía la historia, el cine y la naturaleza norestense.

Las Anécdotas de Pedro Infante en Nuevo León

La filmación de esta película dejó una profunda huella en los habitantes de la época. Pedro Infante, fiel a su personalidad carismática y desprendida, protagonizó varios momentos entrañables fuera de cámaras que los regiomontanos recordaron por generaciones:

  • El caballo del Gobernador: Para interpretar al jinete Agapito Treviño, Pedro Infante necesitaba un caballo que luciera verdaderamente imponente en pantalla. Testigos de la época relatan que Arturo B. de la Garza, entonces gobernador de Nuevo León, le facilitó su propio caballo personal para el rodaje. El animal era custodiado de cerca por personal rural y encargados de la expo ganadera local.
  • Caminatas sin pose por la Calzada Madero: Durante los días de grabación en el estado, el actor se hospedaba en el centro de Monterrey. Los vecinos contaban con asombro cómo la máxima estrella del cine caminaba tranquilamente por la Calzada Madero y las calles aledañas para mezclarse con la gente, saludar y firmar autógrafos sin ningún tipo de seguridad.
  • «Infiltrado» en las cocinas de cabrito: El actor era «de buen diente» y quedó enamorado de la gastronomía norestense. Existen crónicas locales que aseguran que, en sus visitas a restaurantes tradicionales de la ciudad, a Pedro le ganaba la curiosidad, se metía hasta la cocina para platicar con los chefs y meseros, e incluso bromeaba ayudándoles a preparar los alimentos.
  • Nace el mito de «Piporro»: Aunque ocurrió un par de años después del rodaje de esta película en específico, el vínculo de Pedro con Monterrey fue tan fuerte que, en otra de sus visitas a la ciudad, conoció a un joven locutor de radio local llamado Eulalio González. Impresionado por su talento y peculiar acento norteño, Pedro Infante lo apadrinó y lo convenció de viajar a la Ciudad de México, dándole el empujón definitivo para convertirse en el legendario «Piporro».